Mentir no le gusta a nadie

A veces nos preguntamos por qué nos han mentido. No lo comprendemos, le damos mil vueltas, a veces llegamos a la conclusión de que aquella persona a la que amábamos (¿ya no la amo?) es mala persona, nos ha mentido porque nunca nos ha querido o valorado.

Normalmente el hecho de mentir, tanto en general como en la pareja, no suele hacerse para hacer daño sino para protegerse del daño uno mismo. Esto no excusa a nadie del valor de su palabra y de su responsabilidad para consigo mismo y para con los demás, pero mentir suele ser un acto más bien de ignorancia (no saber que algo está fallando o qué cosa es) o falta de valor (lo que lleva a la persona dejada a ver a la otra como cobarde o egoísta) que de cinismo o crueldad (ganas de hacer daño al otro) .

El caso es que mentir no le gusta a nadie. Podemos usar la mentira para evitar situaciones incómodas o dolorosas, nos puede evitar un mal trago, o pensamos que así se lo evitaremos a la otra persona. Pero mentir no nos hace felices per se.

me ha engañado

A veces confundimos mentira e ignorancia. Aunque no nos lo podamos creer, uno puede faltar a la verdad no porque mienta (mentir implica una intención de tergiversar la realidad) sino porque la ignore. “¿Por qué no me dijiste que algo no funcionaba?” Pues quizás ni sabía que algo no funcionaba hasta que se dio cuenta, y entonces ya era demasiado grande como para poder solucionarlo. Quizás necesitaba algo que esta relación no le aportaba y no tenía ni idea de qué era. Esto pasa mucho si no reflexionamos sobre nuestra vida, sobre nosotros y nuestras necesidades individuales. Y eso tenemos que hacerlo todos, los dos en la relación deben reflexionar periódicamente sobre la misma, justamente para detectar a tiempo si alguna cosa no funciona. No vale con echar al otro en cara que no dijo nada, ya que muchas veces ya íbamos viendo que algo andaba mal, y tampoco hicimos nada al respecto. Cierto… Cierto… A veces sí que lo intentamos, empezamos a interrogar al otro para que nos diga si pasa algo, pero como no sacamos nada en claro, lo dejamos pasar. Quizás no habría que dejarlo pasar, y si el otro no consigue aportar nada para que la relación mejore, y tú ya has puesto suficiente de tu parte, igual hay que dejar ir la relación como pareja. En eso quiero resaltar algo importante: poner suficiente de tu parte. Suficiente significa suficiente, no demasiado. Porque entonces la parte que ve que algo no funciona y no tiene ni idea de qué es, empieza a dejarse la vida por esa relación, y si al final acaba rompiéndose la relación, se le rompe también la vida. Y si se decide seguir con una relación que no te satisface, hacerlo plenamente consciente y asumiendo todos los riesgos, sin después culpar al otro.

Pero volvamos a las mentiras. Como decíamos, muchas veces se miente por miedo y falta de valor para afrontarlo:

  • Me da miedo perder mi familia, perder la estabilidad, me da miedo hacer daño a mi pareja y/o a mis hijos, me da miedo quedarme solo/a, etc.

Pero a veces también se miente por pereza y/o falta de responsabilidad:

  • No tengo ganas de volver a empezar una relación, la convivencia es muy complicada y ahora que ya estamos más o menos bien no lo voy a tirar por la borda y tener que buscar a alguien y empezar de cero.
  • Yo así ya estoy medio bien, no aspiro a estar mejor, o si quiero estar mejor ya me lo busco fuera de la pareja, aunque sea siendo infiel.

A veces la responsabilidad nos puede engañar o se puede complicar. En el pensamiento “Prometí estar a su lado toda la vida y eso haré, aunque no sea feliz así” la persona quiere ser responsable y fiel a su promesa, pero conoce a alguien fuera de la pareja que le alegra el día a día, que le trae ilusión, y no puede ignorarlo, porque en el fondo, siendo fiel a la promesa de para “toda la vida” quizás está siendo poco responsable consigo mismo/a y con su felicidad.

¿Nos preguntamos por qué hago lo que hago?

¿Nos preguntamos si estoy siendo responsable de mi bienestar, paz y alegría?

Es altamente recomendable preguntárnoslos, frecuentemente o de vez en cuando, pero hacerlo y reflexionar sobre ello. Aunque estando en pareja somos responsables de nuestra relación, no debemos olvidar que también somos responsables de nuestro bienestar individual, y aunque no hay que ser hedonistas, debemos cuidarnos individualmente para así también cuidar la relación.

Dicho todo esto, cabe destacar que también hay que tener mucho cuidado con lo que llamamos “verdad” y “sinceridad”. No se trata de mentir, sino de ver qué parte de la información es necesaria para comunicar lo que es realmente importante. Si te has dado cuenta demasiado tarde de que la cosa no va, y en paralelo has empezado a hacer cosas y mentirle a tu pareja al respecto, ¿es necesario explicarle los detalles más escabrosos para comunicarle que ya no estás bien con él/ella? Muchas veces se atribuye la ruptura de una pareja a la aparición de una tercera persona, pero eso muchas veces no es el origen de la ruptura, no es la “verdad”. Probablemente la relación se rompió mucho antes, pero no se había visto o se había evitado la responsabilidad.

La vida es dinámica, las relaciones son complejas. La verdad en mayúsculas no existe, existen los hechos pero es muy difícil llegar al origen de los mismos: ¿Por qué ya no es detallista? ¿Por qué no hay deseo sexual? ¿Por qué se fijó en otra persona? ¿Por qué me dijo que quería tener hijos si ahora parece que sólo le molestan? No hay un manual de instrucciones que diga en cada caso qué conviene decir y qué no, o de qué manera, pero hay valores como la responsabilidad y la honestidad que pueden ayudar a que las relaciones y las rupturas sean más sanas. Y eso sólo se consigue conociéndose mejor uno mismo, queriéndose y cuidándose uno mismo, y así poder estar disponible para tener una relación sana y responsable con otra persona.

Superar una ruptura de pareja depende de muchos factores. Conocernos mejor y aceptarnos un poco más nos puede ayudar a crecer pero también nos puede ayudar a mirar al otro desde la compasión, o por lo menos desde otra perspectiva, y así sanar la herida.

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